
Aun no se si fue un sueño o fue realidad pero hace un mes que lo conocí. Ojos azules, mirada triste, tan penetrante que jamás la podré olvidar.
Era por la tarde, estaba atardeciendo e iba sola por la calle, llovía un poco pero lo suficiente para que si llevas un buen rato caminando te empiece a calar, y eso y la humedad te hace sentir mucho frío. Me sentía triste, sola e incomprendida por todo el mundo, siempre pasaba por el mismo descampado y nunca había nadie, pero ese día todo cambió, y es que de repente apareció de la nada. Con su pelo pelirrojo brillante y esos ojos azules pidiendo ayuda, fue suficiente para pararme y acercarme, y como hipnotizada no dejé de mirarlo. Cómo empezaba a llover cada vez más fuerte no pude dejarlo ahí a su suerte, así que fuimos corriendo a casa.
No lo puedo explicar pero me enamoré de inmediato, su calidez, su mirada agradecida, su ternura, me llenaron el corazón, y por un instante no me sentí sola en este mundo, desde entonces no quise separarme nunca de él. Pasaron los días y nos hicimos amigos, éramos inseparables, dormíamos juntos, y cuando llegaba a casa siempre me esperaba con esos ojos azules intensos, que ahora ya no eran tristes sino llenos de esperanza, casi podía atisbar una pequeña sonrisa en su cara. Era muy feliz por primera vez desde hace mucho tiempo, y me encantaba esa pequeña rutina que teníamos los dos, por un instante supe lo que era la felicidad.
Pero un día por la tarde llegué a casa como siempre, y no me estaba esperando, lo busque por todas partes de casa pero no lo encontré, salí a la calle corriendo y lo busqué por todos los rincones pero nada, solo quedaba un sitio donde mirar, el descampado donde nos encontramos por primera vez. Estaba atardeciendo muy deprisa y en el horizonte se podía apreciar un cielo rojizo con toques anaranjados, precioso, regalando un momento mágico pero triste porqué seguía sin aparecer y me sentí muy mal, así que por si acaso me senté a esperar en un bordillo hasta que anocheció, ya no volvió aparecer jamás en mi vida. Así que no sé si fue un sueño o realidad, pero aquellos días fueron mágicos y permanecerán en mi corazón.
Lo quise desde el primer instante que lo vi, llegó a mi solitaria vida de imprevisto, llenándola de sonrisas, de riñas y enfados pero también de mucha ilusión, y por eso sé que aquellos ojos azules no se irán de mi memoria, fue genial y maravilloso conocerlo, quizás… diría hasta suerte. Y aunque no puedo olvidarme de sus ojos y de su pelo rojizo, tampoco podré olvidarme de su ronroneo que me tranquilizaba, cuando venía y apoyaba su cabecita en mi mano cuando lloraba como diciendo estoy aquí, cuando le acariciaba hasta que se quedaba dormido, incluso su maullido cuando tenía hambre, y sobre todo como se acurrucaba los días de frío al dormir conmigo.
Sí, ese amor fue para un gato, Serendipia, por eso lo llamé así, porqué fue mi serendipia, mi hallazgo afortunado que me hizo valorar los pequeños momentos de la vida, y que a pesar de todo no estoy sola, cuando menos te lo esperas siempre aparecen cosas buenas en la vida.
